Amar el básquet

Por Raúl Geller.

Un entrenador de básquet acepta vivir en el albergue de un club en otra ciudad porque tiene ganas de crecer, de ser mejor, de dar lo mejor.

Mientras tanto, otro entrenador se come las uñas esperando que un contacto estrecho no lo haya contagiado de COVID. Sólo piensa en volver a dar sus entrenamientos, en ir a las prácticas con sus jugadores.

A otro entrenador, le pasó lo mismo: un aislamiento lo separó de los jugadores más chiquitos, jugadores que saben que el básquet es una pelota al aire, ¡y divertirse! Y mientras ellos se divierten y juegan, él encuentra los momentos justos para enseñarles los primeros fundamentos; y que esos fundamentos sean aprendizaje, y también, juego. Y para ello tiene a un monitor que está en la misma sintonía, y lo reemplaza en los momentos necesarios. Y tiene también a un jugador de las inferiores que se sumó a ayudar y a enseñar. Enseñar básquet y a aprender a ser entrenador.

Y junto con todos ellos un profe se preocupa por dar la parte física, a que mejoren todos su condición, su resistencia, para jugar mejor. Es profesor y también entrenador.

Y a su vez, otro entrenador, con su ayudante y preparador físico, organizan a las mujeres que se suman a jugar al básquet en el CAO. Y se acomodan con el horario qué hay, y vuelcan ahí toda su pasión.

Y acompañándolos a todos ellos y ayudando a coordinar la tarea está un entrenador más grande, que jugó y ganó todo todo cuando joven, y que ahora da todo de sí para ayudar a los otros entrenadores. Y para “despuntar el vicio” se hace cargo de una categoría repleta de juveniles con muchos sueños y condiciones de crecimiento.

Todos ellos hacen esto por muchos motivos. Pero creo que el principal es porque, como todos los que entramos por la puerta del CAO, AMAMOS EL BÁSQUET Y NUESTROS COLORES!

FELIZ DÍA!!!